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Se va… (propio)

Si hubiese podido posar mi mano sobre su pecho, habría percibido, seguramente, los rápidos latidos de su corazón bombeando sangre y haciendo que retumbara hasta en mis oídos.
Estaba sola, no sabía si sentarse o quedarse de pie, se le notaba porque miraba repetidamente su reloj, como si no supiera a qué hora iba a salir el tren. Justo ahora acababan de anunciar por megafonía que el tren con destino París de las 17:37 salía con retraso. Ella respiró como si se sintiera aliviada, colocó las dos maletas en el asiento de al lado y se sentó con las manos sobre las rodillas. Se miraba los pies y luego levantaba los ojos hacia las maletas, a su lado. Volvía a mirar el reloj, estaba inquieta. 
Sus pensamientos ya habían empezado a viajar. 
No había llorado, al menos no lo parecía, tenía la cara pálida, pero sus ojos no estaban llorosos ni el gesto rígido, tal vez, lloraba por dentro.
Estaba seria, pero parecía valiente, dispuesta a coger el tren, aunque insegura, seguía mirando a cada rato el reloj, como el que teme perder la oportunidad de algo importante.

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