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Vida después de…

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(Imagen obtenida de www.mujer1310.com)

Hace poco leí el siguiente texto sin autor conocido:

“En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:
-¿Tú crees en la vida después del parto?
– Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.
– ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?
– No lo sé pero seguramente… habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
– ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
– Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea sólo un poco distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
– Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
– Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
– ¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella?
– ¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
– ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.
– Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?… Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…”

Me pareció la mejor manera de explicar que tal vez haya vida después de la muerte, que como no sabemos lo que pasará, tenemos miedo y que unos somos más confiados y otros menos. Además, por supuesto, es un relato, cuyo ejemplo puede aplicarse a cualquier cambio que suframos en la vida. No tiene por qué ser para peor, aunque siempre nos dé miedo lo desconocido.

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Teoría de la sustitución de las experiencias

 

Transcribo un texto muy útil que leí hace poco:

“Siempre estás experimentando algo. A veces es agradable y otras no tanto. Si la experiencia no te resulta grata, ¿por qué la sigues experimentando? Parece claro que si algo no te gusta, debes hacer otra cosa. Si una experiencia hace que te sientas mal, cámbiala por una que te haga sentir bien.

Así es, la teoría de la sustitución de las experiencias es muy sencilla. ¿Cómo conseguirlo? No se trata de un sesudo ensayo repleto de conocimientos secretos ni fórmulas de éxito al alcance solo de unos pocos. Es tan sencillo como elaborar una lista de cosas con las que disfrutas y junto a ella una lista con las cosas que detestas hacer. Observa, con el papel delante, cuántas de las que te gustan haces a diario y cuántas de las que no te gustan. Si la balanza se inclina a favor de las cosas que no te gustan, ¿cómo pretendes ser feliz? Sustituye experiencias. Es así de sencillo.”