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MI PRIMERA VISITA A BRISTOL

snowy_night_bridge

(Imagen llamada “Snow, Sunset Bridge” y sacada de www.degreeart.com. Pertenece a la artista Abigail McDougall)

Que viajes a Reino Unido y te haga mal tiempo forma parte ya casi de su encanto. No es verdad que siempre haga malo, ni es verdad que siempre esté lloviendo, pero dio la casualidad de que para el fin de semana largo que fui yo había previsión de una buena ciclogénesis explosiva, así pues, mi impresión nada más aterrizar el avión en el aeropuerto de Bristol, por la noche, después de alguna que otra sacudida debida a que el tiempo estaba “extremely windy”, como ellos dicen, fue la de humedad por todas partes y lluvia casi continua. Seguimos así al día siguiente, pero sumando tres rayos y medio de sol, jajajajaja, sin embargo, la ciudad me pareció bella y bastante grande. En honor a la verdad, diré también que durante el sábado, la lluvia nos dio bastante tregua y, eso que esperábamos sufrir el tormentón del siglo, pero no, solo algo de lluvia y bastante frío. El domingo solo hizo malo medio día, después se quedó una tarde estupenda, con un tiempo que continuó así durante el lunes, cuando ya cogí el avión de vuelta y vi atardecer desde las alturas.

Bristol no se parece a Londres, pero recuerda en algo a ella. Su puerto fluvial da mucha vida, es un lugar de encuentro y viento. Ese viento bristoliano que te impide llevar el paraguas abierto durante más de dos minutos seguidos (consejo, ya que estamos: si vas, llévate un chubasquero, te será más útil que un paraguas, de verdad). Ese mismo viento  que, subiendo a la parte más alta de la localidad, te susurra, a través de los árboles, palabras siseantes y bonitas. Desde el Clifton Suspension Bridge (no mires para abajo, si tienes vértigo) se ve toda la ciudad y se respira aire puro, además, al lado, dando un paseíto, puedes llegar a un enorme parque, el Ashton Court, donde hay ciervos y una gran extensión de Naturaleza para hacer deporte corriendo o montando en bici, no en vano, se hacen competiciones, incluso, campo a través. Y por si fuera poco, en verano, este parque acoge la Fiesta Internacional de Globos Aerostáticos con mercadillos, atracciones y música en vivo, además de puestos de comida (crepes, fish&chips, hamburguesas…), un auténtico espectáculo. Y precisamente por esto, en multitud de zonas, se pueden ver mosaicos de globos en paredes y, pegatinas o pequeñas maquetas de estos objetos, tanto en tiendas como en casas y, digo bien, en casas porque, por si no lo sabes, se suele ver por las ventanas el contenido de las casas a la altura de la calle, ¡¡ya que prescinden de persianas!!

Al otro lado del puente, se encuentra el Clifton Observatory (todavía más arriba que el puente), un mirador desde el que observar toda la ciudad y tomar aire para la bajada al centro.

Y si desde el puente y el observatorio se ven buenas vistas, prepárate para ver todo Bristol desde la Cabot Tower, una preciosa torre que está situada en la parte más elevada del parque Brandon Hill. Las escaleras para acceder a la parte alta de la torre son circulares y muy estrechas, pero una vez que llegas arriba, te das cuenta de que la subida no ha sido para tanto, ya que las vistas y la sensación merecen totalmente la pena y, aún puedes subir un poquito más. Desde la torre, además, puedes admirar la localidad por los cuatro puntos cardinales y, con indicaciones de la distancia a la que se encuentran ciudades como Praga o Madrid.

Como Bristol es bastante amplia, en mi mente, dividí la ciudad en cinco zonas, para mí, bien delimitadas: la parte bien, Clifton, que es todo un lujo, donde abundan los colores pastel, tiendas caras y cafeterías muy “cuquis”; la zona del centro, donde comienza el puerto; la parte del sur, tirando a Bedminster, de clase obrera, humilde y tranquila; el barrio alternativo de Stokes Croft y Gloucester (una calle con mucho comercio independiente, que me recordó a Camden Town en Londres, más que por el aspecto, quizá, por el ambiente); y zonas un poco más alejadas y desperdigadas alrededor de la ciudad, como Knowle al sur o Cotham y Bishopton al norte, donde también vive gente y hay vida.

Bajando desde Clifton por Park Street, se encuentran la Biblioteca Central, el Ayuntamiento y la Catedral. Al lado de la Catedral, y con un aspecto que no desentona con ella, se halla uno de los hoteles más lujosos (hay varios en la urbe, recuerdo otro que se ve desde el Clifton Suspension Bridge, el Avon Gorge Hotel), que pertenece a la cadena Marriott, donde se celebran bodas y en cuya entrada se hacen sus clásicas fotos de familia.  En el centro de estos edificios, una gran extensión de césped, llamada por ello College Green, lugar desde donde suelen partir y donde se suelen celebrar los actos importantes y oficiales, al estar el Ayuntamiento y la Catedral , donde no cabe un pie en cuanto asoma el buen tiempo. La biblioteca, como la catedral de Bristol, son símbolos de otra época y reductos de quietud y paz, aparte de belleza antigua. Muy recomendable visitarlos y dejar la firmita de turno en el Libro de Visitas que está puesto a disposición del público en la biblioteca.

No solo la Catedral es resaltable por su belleza, en esta metrópoli, varias son las iglesias bellas, de corte gótico, repartidas por toda ella, de entre las que destaca la de St. Mary Redcliffe en el distrito de Redcliffe.

Park Street merece mención también. Es una calle muy transitada, donde puedes pararte a comer en alguno de sus múltiples restaurantes o cafeterías y donde abundan las tiendas, varias con cucadas para comprar y una con libros a 2 o 3 libras, un auténtico descubrimiento.

Dejando ya atrás esta parte, alcanzamos la zona del centro, donde está el puerto, lugar ideal para salir a tomar algo o dar un paseo al lado del río Avon. En el inicio del paseo del puerto, los sábados y domingos, ponen unos puestecillos, a modo de mercadillo, donde venden cosas artesanales, entre las que puedes encontrar desde quesos o pasteles hasta bisutería.

Justo al lado, en Millennium Square, se encuentra el Bristol Aquarium, con una fuente delante, un ordenador de extraña apariencia, con el que puedes informarte, por ejemplo, de a qué distancia está la Tierra de otros planetas o la Luna y, una enorme bola de espejos.

Cerca de este área, en el distrito de Bedminster, podemos acceder al Victoria Park, en una de cuyas entradas se encuentra un colegio de primaria que sería un sueño para cualquier niño, pues es antiquísimo y muy bello, de aspecto gótico y con unas vistas privilegiadas que dan al parque.

Y, si vamos en dirección contraria al puerto, podemos llegar, no sin antes atravesar subterráneamente una gigantesca rotonda con mucha vida, en la que se puede hasta jugar al ping pong, a la zona de Stokes Croft, la parte alternativa, llena de graffitis de Bansky, dado que se cree que nació en Bristol. En esta zona, por cierto, es donde viven la mayoría de españoles que han emigrado allí. Abundan, además, los locales con encanto donde tomar y picar algo. Dejando atrás Stokes Croft, puedes acceder a Cheltenham Road, que continúa bajo el famoso puente del ferrocarril que une las estaciones de Montpelier y Redland, conocido como “The Arches” y llegar a Gloucester Street.

Hay, como en cualquier ciudad que se precie, varios centros comerciales: el más moderno, Cabot Circus, de aspecto futurista y acogedor; abierto pero con techos transparentes para evitar mojarse con la lluvia, pero sin dejar de poder disfrutar de la luz natural. Al contrario que este, está el antiguo St. Nicholas Market, convertido en un centro comercial con mucho encanto, lleno de tenderetes con un montón de cosas hechas artesanalmente y puestos de comida o zumos, donde se mezcla la alimentación típica inglesa con la árabe o la española. Y, por comentar otro, está también The Galleries, que cuenta con una tienda bastante chula y especial, Evolution, con página web y todo www.evolutionstores.co.uk, que ayuda con proyectos para los más desfavorecidos.

A lo largo y ancho de Bristol hay locales donde poder disfrutar de música en directo de forma gratuita o pagando un precio realmente simbólico, mientras tomas una pinta o lo que te apetezca (yo me aficioné a unos zumos llamados J2O de frutas como naranja y fruta de la pasión o manzana y mango). La verdad es que en cuanto a vida social, aquello es un hervidero, es cierto que los horarios son algo distintos a los españoles, pero la gente tiene la misma calidez y ganas de socializar que tenemos aquí. Y es que se ve mucha gente joven, mucha gente de fuera del país en una rica amalgama de personas bienavenidas.

Y por si tooodo esto fuera poco, en Bristol hay una gran oferta de escuelas de baile o idiomas, entre otras actividades, y estudios disponibles para ser utilizados. Pinta bien, ¿verdad? Si te ha entrado curiosidad, puedes obtener más información en www.bristolcommunitydancecentre.co.uk.

Por otro lado, quería comentar también que he estado leyendo sobre Bristol en internet y aparte de la web oficial de turismo de la ciudad (www.visitbristol.co.uk), he encontrado varios enlaces interesantes, como este www.visitbritain.com, este otro www.descubreuk.com o, por último, este de aquí www.ocholeguas.com.

Y no quiero acabar sin dar las GRACIAS desde aquí a mis amig@s que están allí y me han enseñado tooodo esto y mucho más. Solo puedo decir que… VOLVERÉ xD Muchas gracias, de verdad, por todo: por prepararos las rutas, la información, por hacer reservas, por tranquilizarme, ¡¡por todo!! =))

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LOS DOS LOBOS (EL QUE TÚ ALIMENTES)

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(Imagen sacada de www.sehacesaber.org)

El hombre más anciano de una tribu india estaba reunido con sus nietos, a los que solía enseñarles cosas prácticas, como el arte de cazar o qué frutos del bosque eran comestibles y cuáles venenosos. Pero, en esta ocasión, les había juntado para contarles un secreto que quería compartir con todos ellos. “¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!”, les confesó. “Es una lucha entre dos lobos. Uno de ellos es todo maldad, ira, violencia, dolor, envidia, avaricia, rencor, resquemor, orgullo, superioridad, mentira…”.

Los pequeños abrieron los ojos como platos ante el retrato de ese ser maléfico, el cual no podían jamás imaginar que habitase dentro de su abuelo. Y, sin poder esperar ni un segundo, le preguntaron: “¿Y cómo es el otro lobo?”. A lo que el anciano respondió: “El otro es luz, bondad, paz, amor, generosidad, entrega, amistad, compasión, verdad… Y, aunque no os deis cuenta, esa pelea ocurre también dentro de vosotros y de todos los seres de la humanidad”.

Tras pensar unos instantes en ello, una de sus nietas se le acercó y le preguntó:”¿Y cuál de los dos lobos crees que ganará la batalla?”. A lo que el abuelo respondió:”El que tú alimentes”.