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EL CAMELLO SIN CUERDA (ajeno)

Estaba a punto de caer el sol y la caravana se preparó para pasar la noche en el desierto. El muchacho encargado de los camellos se acercó al guía y le  dijo: “Señor, tenemos un problema. Hay en total 20 camellos, pero solo tengo 19 cuerdas. ¿Cómo podemos solucionarlo?”.

El guía quiso tranquilizar al joven diciéndole: “No te preocupes, los camellos no son muy listos. Acércate al que ha quedado suelto y haz como si lo atases. Verás que se quedará allí quieto, como si en realidad le hubieses puesto una cuerda alrededor del cuello y las patas”.

Siguió su consejo y, a la mañana siguiente, cuando la caravana volvió a ponerse en marcha, todos los camellos comenzaron a avanzar en fila. Todos, menos uno. “Señor, hay uno de los animales que no quiere caminar esta mañana”, le dijo el chico encargado de la manada al guía. “¿Es, por casualidad, el que se quedó sin soga?”, le respondió. “Sí, ¿cómo lo sabe?”, continuó extrañado el jovenzuelo. “Ve y haz como que lo desatas, porque, si no se creerá que aún está trabado. Por eso no quiere caminar”, le explicó el guía.

Lo mismo le pasa a mucha gente, que son camellos atados sin cuerda porque los límites no los impone la realidad, sino nuestras propias creencias.

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LOS TRES ANCIANOS (ajeno)

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(Imagen sacada de www.noticiasggl.com)

Una mujer que salía de su casa vio sentados en un banco a tres ancianos con aspecto de no haber comido en los últimos días. Se acercó a ellos y les invitó a pasar a su casa, donde les prepararía un buen desayuno, pero para su sorpresa, uno de los tres hombres le respondió: “Nosotros no podemos ser invitados a una casa juntos”. “¿Por qué?”, preguntó extrañada la generosa señora. El anciano con la barba más larga solo le respondió: “Su nombre es Riqueza”, dijo señalando a uno de sus compañeros. “El de este otro es Éxito y el mío, Amor. Ustedes decidirán a quién convidan”, concluyó.

El marido de la señora pensó que lo mejor sería que se sentara a su mesa Riqueza, así la prosperidad entraría por la puerta de su casa para instalarse. Su esposa consideró que aún mejor sería invitar a Éxito: “Así seríamos admirados por todos”, dijo.

La hija del matrimonio, una niña adoptada hacía 8 años, había permanecido callada hasta ahora, pero también dio su opinión: “¿Por qué no invitamos a Amor?, ¿Siempre hemos de pensar en el dinero y el éxito?”. Avergonzados, le hicieron caso, pero tras invitar a Amor, los tres ancianos se levantaron y dijeron:” Si hubiesen invitado a Éxito o Riqueza, los otros dos habrían quedado fuera, pero donde hay amor siempre hay éxito y riqueza”.