0

LOS PAVOS NO VUELAN (ajeno)

Texto rescatado de la publicación Pronto en su versión escrita:

<<Un granjero estaba paseando por los alrededores de su pueblo y se encontró, al pie de una escarpada montaña, un huevo muy grande. Nunca había visto nada igual y, arropándolo entre su camisa y el calor de su cuerpo, se lo llevó a su casa. Cuando lo dejó en el gallinero, su mujer le preguntó:” ¿Será de avestruz?”. “No lo creo, es demasiado abultado”, respondió. Y el hijo, que no salía de su asombro, sugirió: “¿Y si lo rompemos?”. Pero el padre lo convenció de que lo mejor era esperar: “Lo pondremos debajo de la pava que está empollando y tal vez nacerá”.

Y así fue. A los pocos días, vino al mundo un pavito de negro plumaje, grande y con mucho apetito. Comió hasta la saciedad y al acabar, le dijo a la pava:”Mamá, ahora vamos a volar”. Ella se sorprendió mucho y le contestó: “Mira, los pavos no volamos. Lo que te pasa es que te ha sentado mal tanta comida”. Esto mismo le repetía cada vez que expresaba su deseo de volar. Así que se dedicó a hacer lo mismo que el resto de los pavos; pero un día el veterinario visitó la granja y descubrió que ¡era un cóndor y había nacido para volar a miles de metros de altura!

Por eso, piensen lo que piensen los demás, siempre debemos perseverar en  nuestros deseos para hacerlos realidad.>>

Anuncios
5

Sensaciones (propio)

hand-in-rain

(Imagen sacada de www.purenourishment.wordpress.com)

El maravilloso mundo de las sensaciones. El otro día, varios amigos hicieron que dudara sobre algo que había tenido claro a partir del momento en que decidí que las señales del destino, algo en lo que (por esperanza, creo) había creído firmemente durante un largo periodo de tiempo, no existían, no ya que no es que no me quisieran decir lo que yo interpretaba, sino que directamente no me querían decir nada, que es que yo había sido de las que en todo veía señales y, muchas veces, señales positivas, vamos, que me beneficiaban, pero no sé porqué, como me suele ocurrir normalmente, un día dejé de ver señales o de interpretarlas y empecé a creer en el no-destino, es decir, a no creer en el destino, a pensar que todo ocurre por azar, por casualidad y no por causalidad, no porque tenga que ocurrir.

Dicho todo esto, sentadas todas las bases de mi creencia o, mejor, mi no creencia en la determinación del destino, estos amigos míos hablaron de que cabía la posibilidad de que exista algo más allá de lo que somos capaces los humanos de percibir a través de los sentidos, algo invisible para nosotros, que afecte a todo lo demás y haga que todo ocurra de esa y no de otra manera, que, sin querer, empujados por nuestro subconsciente, pensemos, decidamos y hagamos lo que hacemos con el consciente y, que al azar lo llamemos así porque nos dé miedo el hecho de que haya algo que no podamos controlar dentro de nosotros y que nos haga ser, hacer o decidir como lo hacemos.

Es indudable, por otro lado, que hay algo que trasciende la piel de los seres humanos, algo a lo que llamamos intuición, sensaciones, etc. y no sabemos cuánto abarca, con qué limita o dónde acaba. No somos solo carne y hueso, materia, no, somos alma, somos buen o mal humor, somos sentimientos, somos sensaciones, somos un todo hecho fundamentalmente de dos partes: cuerpo y mente, alma o como queramos llamarlo. Estas dos mitades están muy relacionadas, más en unos que en otros y, hay personas que dan más importancia a una que a otra.

Yo soy doña equilibrios y me gusta la ecuanimidad, así que soy de las que está pegada a lo terrenal, con lo corporal y, también a lo invisible, a lo que tiene que ver con el alma. Doy crédito a casi todo, pocas cosas me parecen imposibles y, más teniendo en cuenta lo ignorantes que venimos y nos vamos de este mundo. Al menos conscientemente, sabemos muy poco del mundo y de la vida y, mucho menos aún, de la muerte.