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LOS PAVOS NO VUELAN (ajeno)

Texto rescatado de la publicación Pronto en su versión escrita:

<<Un granjero estaba paseando por los alrededores de su pueblo y se encontró, al pie de una escarpada montaña, un huevo muy grande. Nunca había visto nada igual y, arropándolo entre su camisa y el calor de su cuerpo, se lo llevó a su casa. Cuando lo dejó en el gallinero, su mujer le preguntó:” ¿Será de avestruz?”. “No lo creo, es demasiado abultado”, respondió. Y el hijo, que no salía de su asombro, sugirió: “¿Y si lo rompemos?”. Pero el padre lo convenció de que lo mejor era esperar: “Lo pondremos debajo de la pava que está empollando y tal vez nacerá”.

Y así fue. A los pocos días, vino al mundo un pavito de negro plumaje, grande y con mucho apetito. Comió hasta la saciedad y al acabar, le dijo a la pava:”Mamá, ahora vamos a volar”. Ella se sorprendió mucho y le contestó: “Mira, los pavos no volamos. Lo que te pasa es que te ha sentado mal tanta comida”. Esto mismo le repetía cada vez que expresaba su deseo de volar. Así que se dedicó a hacer lo mismo que el resto de los pavos; pero un día el veterinario visitó la granja y descubrió que ¡era un cóndor y había nacido para volar a miles de metros de altura!

Por eso, piensen lo que piensen los demás, siempre debemos perseverar en  nuestros deseos para hacerlos realidad.>>

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Sintítulo (propio)

feliz-despertar

(Imagen sacada de www.kineducando.wordpress.com)

Nunca pierdas las ganas.

Enfréntate a cada día nuevo como a todo comienzo, con ganas de superar retos.

No practiques el rencor, perdona y olvida, aunque limpies cada noche tu karma de esas energías que hayan podido quedarse estancadas y no te permitan fluir, no te permitan vivirte bien.

Agradece todo lo que tienes, incluso aunque creas que lo mereces, que te lo has ganado, pues la vida, casi por definición, no es justa, así que después de todo, tienes suerte.

Sigue deseando fuerte, visualizando claro, que todo llega.

Y dentro de todo el caos (incluso dentro del tuyo propio), encuentra tu calma, respira hondo y sal a ser feliz.

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ÉSE NO ES MI PROBLEMA (ajeno)

Mirando a través del pequeño agujero de la pared, un ratón vio aterrorizado cómo los granjeros abrían un paquete que contenía una ratonera. Rápidamente corrió para avisar a todos los animales de la granja:”¡Hay una ratonera en casa!”. La gallina, el cordero y la vaca miraron extrañados al ratón y le dijeron que a ellos no les parecía ningún problema una pequeña ratonera, que estuviese tranquilo. El ratón volvió a su escondite muy abatido. Por la noche oyó cómo caía atrapada la primera víctima. La mujer del granjero se apresuró a verla y, como había muy poca luz, no se dio cuenta de que la trampa había pillado a un reptil por la cola. La serpiente mordió a la mujer y el granjero tuvo que llevársela corriendo al hospital.

Como regresó a casa con fiebre y lo mejor para recuperar fuerzas es una sopita, el granjero agarró el cuchillo para matar a la gallina y hacer un buen caldo. La enfermedad persistía y amigos y vecinos vinieron a visitarles, por lo que el hombre mató al cordero para alimentarlos. Al final, la mujer no mejoró y falleció, por lo que su pobre marido vendió la vaca para pagar el entierro. Así que la próxima vez que alguien tenga un problema y creamos que no nos incumbe, tendríamos que pensarlo dos veces.

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LA LAGUNA CONGELADA (ajeno)

Dos niños estaban patinando sobre una laguna congelada. El día había empezado con un sol tibio de invierno, pero acababa de comenzar a nevar, por eso decidieron volver a sus casas. Y fue cuando se encontraban cerca de la orilla, donde la capa de hielo era más fina, cuando uno de los pequeños cayó al agua. Cuando su amiguito vio que daba manotazos intentando salir y que, cada vez más agotado, se hundía en el agua, fue a buscar una piedra y empezó a golpear el hielo con todas sus fuerzas. Al principio, se resistía, pero sin perder la calma fue a buscar una roca de mayor tamaño y la dejó caer junto a su amigo. El hielo empezó a cuartearse y, al hacerse más grande el agujero, pudo sacarlo vivo fuera.

Cuando llegó el equipo de salvamento y vieron lo sucedido, no podían creerse lo que había conseguido aquel niño. “Con esas manos tan pequeñas, ¿cómo lograste romper tú solo el hielo para rescatarlo?”, le dijeron. Entonces apareció un anciano que les dijo:”Yo sé cómo lo hizo”. “¿Cómo?”, le preguntaron asombrados. “No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo”, contestó el sabio anciano.

Y así es, la confianza en ti mismo hará que logres todo lo que te propongas, a pesar de la opinión de los demás.

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SOY YO QUIEN DECIDE (ajeno)

Un influyente columnista de un diario norteamericano acompañaba en cierta ocasión a un buen amigo a comprar el periódico. Cuando estuvieron delante del quiosco, su amigo saludó al vendedor amablemente. El quiosquero, en lugar de devolver el saludo, le respondió de mala manera y les lanzó el periódico sin casi mirarles a la cara, como si le hubiesen ofendido con algo que desconocían. Su amigo, sin molestarse lo más mínimo, sonrió al airado quiosquero y, sin inmutarse, le deseó que pasase un buen fin de semana.

Cuando se habían alejado unos pasos, el columnista, todavía impresionado por la situación que habían vivido, le preguntó a su buen amigo:” ¿Oye, este hombre siempre es tan desagradable y maleducado contigo?”. A lo que le respondió: “Sí, así es”. Entonces, el periodista preguntó intrigado: “Y tú, ¿siempre le muestras tu cara más amable a este impresentable?”. “Sí, claro”, respondió sin parecerle extraño. “Perdona, no puedo entender por qué actúas así. Yo le habría pagado con la misma moneda”, concluyó el columnista. Y el amigo le respondió: “Sabes qué, no quiero que sea él quien decida cómo me he de comportar”.

Aprendamos de esta historia y no permitamos que la conducta de los otros condicione la nuestra.

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HAGAS LO QUE HAGAS… (ajeno)

burro

(Imagen sacada de www.trabajomultinivel.com)

Había una vez un matrimonio con un hijo de 12 años y un burro, que se pusieron a viajar para conocer mundo. Al llegar al primer pueblo, la gente murmuró:”mira ese chico… él subido al burro y sus padres caminando”. La mujer le dijo entonces a su marido:”no dejemos que hablen mal del chico, ve tú en el burro”. Al pasar por otra aldea, alguien comentó:”vaya sinvergüenza. Este tipo deja que su esposa y su hijo tiren del asno, mientras él va muy cómodo sobre el animal”. Al escuchar aquello, decidieron que sería la mujer quien iría a lomos del burro. Y, de nuevo, les llovieron las críticas:”pobre hombre… después de trabajar todo el día, tiene que llevar a su esposa en el burro, mientras él y su hijo van caminando…”. Así que se subieron los tres al asno y siguieron su peregrinaje. Entonces, los tacharon de maltratadores de animales. Muy afectados, resolvieron ir los tres andando. Pronto, se quedaron de piedra al oír:”qué idiotas, van caminando cuando tienen un burro que podría llevarlos”.

Al final, entendieron que, hicieran lo que hicieran, siempre habría alguien que les criticaría, juzgaría y hablaría mal de ellos. Y es que, por mucho que te esfuerces, no puedes gustar a todo el mundo, así que vive como creas que has de hacerlo y sigue siempre a tu corazón.

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Hoy es el primer día del resto de mi vida…

No recuerdo cuándo fue exactamente el momento en que mi forma de vivir cambió. No mi vida. Mi vida seguía siendo la misma, pero algo, quizá alguien, modificó la manera en que yo vivía mi propia vida.
Puede tener que ver con un cambio en mí. Repito, no en mi vida. En mí o, por lo menos, primero en mí. Igual fue cuando empecé a verme con otros ojos o quizás yo seguía viéndome con los ojos de siempre, pero los demás, los que iba conociendo no me veían igual.
No lo sé. No sé el momento preciso. Puedo intuirlo, llenar una lista con posibles momentos. Pero es más probable que en vez de un momento puntual, fuera un proceso, más largo que corto y más bien dificil de atravesar.
La mayoría de las veces y, aunque pudiera parecer lo contrario, cuando me miraba en el espejo o repasaba mis actuaciones o mi carácter, estaba de acuerdo, estaba satisfecha conmigo misma. El problema, entonces, lo representaban los demás. Tanto en el sentido de cómo me veían como a la hora de compararme con ellos. Quizá yo aisladamente, me veía fenomenal, pero si me ponía en comparación con otra persona, mi percepción solía cambiar y, estaba convencida de que eso sería lo que le ocurriría a los demás al mirarme, al verme, al conocerme. Está claro que eso no es así ni lo era, pero yo llegué a interiorizarlo.